Gatos que desafían las leyes de la física, nietos de hijos que todavía no tengo, relojes que marcan un tiempo incansable, que me recuerdan con cada tic toc que lo que estoy viviendo ya es pasado. Guitarras mágicas, inundando el alma, el cuerpo, llevándome a ese lugar que tanto ansío estar en este momento. El día, el viento, el café, las ardillas, la madera áspera y placentera al tacto... El día comienza, el gato desafiante de la gravedad me acaricia y me recuerda que aun estoy aquí, me trae de un jalón al presente, existente.
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